LA PIEDAD


Según nos comenta José Muñoz Miñambres en su "Nueva Historia de Benavente" (1982), procede del convento de los Jerónimos de Benavente y fue trasladada a San Juan del Mercado tras la primera desamortización del siglo XIX. El mismo autor dice que el 30 de Abril del año 1718 fue procesionada desde los Jerónimos hasta el convento de Sancti Spíritus para hacer rogativas por ser universales los clamores de los labradores y verdaderas las causas, debido a la gran sequedad.
Ya en San Juan, se sacaba en procesión en la Semana Santa, según se recoge en el "Programa y Guía Industrial", en su apartado "Benavente en tierras de Zamora - Guía abreviada de su caudal Artístico y Arqueológico", que publicó el Ayuntamiento en el año 1946.

La Virgen aparece sentada ante la cruz sobre un montículo de piedras. Viste túnica asalmonada, toca blanca que permite ver el pelo y manto azul oscuro decorado con estrellas y orla doradas.
El cuerpo de Cristo se apoya sobre su rodilla izquierda, que aparece entre el brazo caído y su propio torso. La cabeza reposa sobre el brazo izquierdo de la Virgen, y las piernas se cruzan reposando sobre el paño con el que fue bajado de la cruz. La Virgen sujeta el antebrazo derecho de Cristo con su otra mano.
Esta posición del cuerpo de Cristo, unida al suave contrapposto del cuerpo de la Virgen, cuyas rodillas se mueven en dirección contraria al resto del cuerpo, en especial de la cabeza, y la estructura piramidal del conjunto, la preocupación por la belleza de la representación, el color de la túnica de la Virgen, etc, la convierten en una obra manierista de finales del siglo XVI o comienzos del XVII, que puede relacionarse con la Escuela de Valladolid. 
"La Iglesia de San Juan del Mercado de Benavente". Elena Hidalgo Muñoz. (1997)

En los años 1994 y 1995 se incorporó a la procesión del Santo Entierro la imagen de La Piedad, que se encuentra en el altar de la Ermita de La Soledad. La imagen, del siglo XV, fue restaurada por el pintor benaventano José Carlos Guerra.
LA PIEDAD (DETALLE)

Cuando la Virgen tuvo a su Hijo en sus brazos, ¿qué lengua podrá explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo, y todas las criaturas del mundo acompañad el llanto de María!. Abrázase  la Madre con el cuerpo despedazado, y apriétalo fuertemente en sus pechos; para esto solo le quedan fuerzas. Mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro, tiñese la cara de la Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre. ¿Tanto han podido las manos de los hombres contra Dios?.
Vida de Nuestro Señor Jesucristo. Remigio Vilariño