¿TALLA O TELA?
ALBERTO GARCÍA SOTO


A lo largo de los siglos esta pregunta se la han formulado muchas de nuestras hermandades a la hora de encargar sus pasos e imágenes. ¿Qué es mejor? ¿Un paso tallado completamente o mejor uno aderezado con telas? En ocasiones se ha querido reducir esta cuestión a un asunto geográfico: en el norte, de talla; en el sur de tela. Aunque en general pueda ser así, sobre todo en los grupos de misterio, la cuestión no es tan sencilla en el caso de las imágenes de devoción.

¿Pero dónde comienza la diferencia? Tal vez sea el encargo a Francisco del Rincón en 1604 por parte de la Cofradía de la Sagrada Pasión de Valladolid que le solicita un grupo tallado en madera, abandonando así los grupos de papelón que eran una mezcla de papel-cartón donde primaba la “escenificación” de la Pasión de Cristo antes que el componente artístico o devocional. Si se estropeaban, se recomponían, de un año a otro. Pero unas décadas antes ya había tallado Juan de Juni su Virgen de la Soledad, advocación omnipresente de todas las dolorosas castellanas, más tarde de las Angustias, y que establecería en Castilla una dicotomía: o Soledad vestidera de manos juntas en oración y mirada al cielo o Angustias de talla completa derrumbada a los pies de la Cruz rodeando su pecho con cuchillos o espadas. Ejemplos de ambas tenemos en todas las ciudades de nuestra región. Quedaría una última advocación que se concretaría tanto en talla como en candelero: la Piedad o Sexta Angustia. Pero retornando al ejemplo primero, es más complicado encontrar casos de grupos escultóricos de candelero, ya que la mayor parte de ellos se sustituyeron en la época dorada de la escuela castellana, o en el caso de Zamora, en el s.XIX.

 

Paso de la Elevación de la Cruz - Francisco de Rincón 1604

 
¿Y en el sur? Mayormente los grupos de misterio son de vestir, ya que siempre se consideró el arte del bordado algo tan apreciable como la escultura, y la mayor parte de los conjuntos barrocos eran y son vestideros. Pero tampoco aquí debemos considerar esta cuestión como blanco o negro. Hay una escultura sevillana, una Virgen María, hoy casi olvidada en una capilla de San Pablo, titulada de la Antigua y los Siete Dolores. La imagen, de talla, fechada en torno al s. XVII, está de rodillas, con las manos entrelazadas y mirada al cielo. Esta imagen fue la talla más venerada por los sevillanos durante siglos, desfilando bajo palio en la tarde-noche del Jueves Santo. Con capilla propia (la actual de la Hermandad de Monserrat) congregaba a sus plantas a toda la ciudad. Pero los siglos acabaron con su Hermandad y con la devoción que suscitaba. A día de hoy, excluyendo alguna excepción, las imágenes son vestideras, con la consideración que hacía al principio del párrafo: el arte del bordado estaría a la altura de la escultura.
 

Virgen de las Angustias - Juan de Juni 1550-1564

La Esperanza de Triana - Juan de Astorga 1816

 

Todos conocemos ejemplos de imágenes que eran de talla y que posteriormente se modificaron para adornarlas con mantos y sayas. La mayor parte de las imágenes de la Virgen María, juradas como patronas de ciudades y villas, se modificaron, amputaron, sustituyeron… para poderlas vestir. En el norte, con una importante cantidad de imágenes góticas, se revistieron sin presentar duda alguna a la hora de cortar las manos de la Virgen que impedían ser vestidas, cuando no eran rodeadas por verdaderos instrumentos de tortura para darle “mayor empaque”. La Virgen del Viso de Bamba (Zamora), una escultura de piedra hermosísima, estaba partida en tres trozos, unidos por un artilugio de hierro que escondía totalmente su fisonomía. También es conocida a nivel nacional la Virgen de Regla de Chipiona, la cual mantiene su pequeño rostro original, incorporado a un candelero desproporcionadamente grande, conservando en su interior una imagen de María a la cual se le amputó el Niño Jesús y cualquier otra extremidad que sobresaliera del tronco. Es curioso analizar estas transformaciones, ya que habitualmente desembocan en tabús “tribales” en torno a la vestimenta de la Virgen. Ntra. Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid, es una imagen gótica que estuvo vestida hasta el s.XX. Cuando se planteó recuperar su traza original, muchos devotos alegaron que cometer tal injuria traería una desgracia para quien osara hacerlo. Igualmente podemos referirnos al caso de la Virgen de la Hiniesta, también en Zamora, cuyo tabú persiste, incluso con respecto al color del rostro de la Virgen, conociendo que es una de las tallas originales de Vírgenes negras de nuestro país, aunque hoy sea blanca y con una negativa rotunda a restaurarla. Otro caso de transformación de una imagen de talla en candelero, en el ámbito de la Pasión, sería el de la Soledad de San Lorenzo de Sevilla, la cual pudo ser en el s.XVI-XVII una talla de bulto redondo pero la cual se transformó en candelero solo conservándose el rostro. Un caso más a Dios gracias frustrado, fue el de las Angustias de Valladolid, a la cual el conde de Ribadavia, Diego de Cobos, quería revestir la talla con las “mejores y más costosas telas”.

 

Virgen de la Hiniesta.
Fotos de la
tesis de Guadalupe Ramos de Castro, publicada en 1977 en la obra "El arte románico en la provincia de Zamora"

 
Si contraponemos aspectos a favor y en contra, una consideración que podríamos tener en cuenta es el hecho de que una imagen vestidera se puede “adaptar” a los tiempos litúrgicos, de forma que una sola imagen de la Virgen puede acompañar la contemplación de los diferentes misterios marianos, mientras que una de talla “congela el tiempo”. Es decir, la Macarena viste de negro en noviembre, mostrando al mundo su soledad y su tristeza; en diciembre de azul, porque Ella es la Inmaculada Concepción; en verano de blanco, como novia del Espíritu Santo…etc. Mientras que la Dolorosa de la Vera Cruz de Valladolid es siempre dolorosa, es siempre Madre que abre sus brazos esperando el cuerpo de su Hijo. Esta tradición de vestir a las imágenes, incluso las dolorosas, con diferentes colores estaba muy extendida en todo el territorio nacional, pero a día de hoy en el norte nos choca vestir de colores una imagen de la Soledad, por ejemplo, como ocurrió cuando los responsables de las Edades del Hombre propuso vestir de blanco a la Soledad de Zamora, cuya negativa fue tajante e innegociable. La idea vendría de la anterior, la de que una imagen representa lo que representa; una de talla de forma indiscutible y una de vestir también, ya que el gesto del rostro o la posición de las manos debería presentar coherencia con la forma de ser vestida.
 

La Dolorosa de la Vera Cruz - Gregorio Fernández 1625

La Esperanza Macarena - Anónimo siglo XVII

 
Entonces, ¿con qué nos quedamos? ¿Es mejor la talla o la tela? Las imágenes de talla tienen un valor artístico mayor y suelen representar escenas con un mayor toque dramático. En cambio, las de tela, son más naturales, o mejor dicho, más humanas, incluso en los casos que se intenta resaltar la “realeza” o “divinidad” y más proclives a la devoción y sus “manías”: cambios en las vestiduras para ajustarse a modas o tiempos, regalos de “complementos” (coronas, mantos, joyas…etc.), todo lo cual no se debe despreciar como un arte menor. No creo que debamos caer en estereotipos de pensar que una imagen de vestir es una “pepona” y una de talla muy “rígida”. Cada cual tiene su sentido y su justificación histórica y artística. Nos lamentamos de ciertas exageraciones que llevaron a destruir parcialmente imágenes de un valor artístico innegable, pero también hay que decir que no se puede desechar todo ello como producto de las pasión desaforada del barroco, pues hay atributos añadidos que tienen su sentido litúrgico y devocional, y que en ocasiones han sido retirados con la misma ignorancia con la cual fueron impuestos. Si a todo ello le damos su justo reconocimiento, buscando un equilibrio entre arte y devoción, tal vez estemos proponiendo algo muy poco practicado en nuestras hermandades. Aprendamos del pasado y apliquémoslo en el presente y en el futuro.
 

Alberto García Soto
Blogs:
Las Rúbricas - La Cofradía


Fotos:
- Paso de la Elevación de la Cruz y la Dolorosa de la Vera Cruz,
Javier Carretero "jacalo"