REGLAS Y NO MANUALES
ALBERTO GARCÍA SOTO


“En el nombre de Dios y de la Virgen Santa María y del bien aventurado Apostol Señor Santiago Luz patrón de las Españas a quien tenemos por señores abogados… porque todos los cristianos que somos llamados hijos de la Iglesia debemos siempre punar de entender con sanas conciencias y con toda buena noción de acrecentar al servicio de Dios por todas las mas y mejores maneras que pudiéramos y supieramos porque asi mejor y mas cumplidamente cumplamos las obras de misericordia e porque la Cofradia es hermandad de los fieles cristianos de Dios, y fue establecida para acogimiento de los pobres y onra de los ricos y para salvación de todos comúnmente”
Estatutos de la Virgen de la Concha (1503, Zamora)

Cualquier comunidad, desde una nación a un grupo de niños que juegan en el patio, tienen normas, sean éstas escritas o no, consensuadas o impuestas, solemnemente ratificadas o aprobadas por el peso del tiempo. Las normas permiten convivir a las personas, marcan el límite entre la libertad de uno y de otro. Pero en la Iglesia el horizonte no solo es la mera convivencia entre individuos; las normas se establecen fundadas en el Evangelio y respondiendo a una llamada particular de Dios. Desde las comunidades monacales, los nuevos institutos a las cofradías, todo tiene una finalidad común: Dios, cada cual en su estado, en su carisma.

Las cofradías desde antiguo dieron particular importancia a sus Reglas. Éstas eran verdaderos monumentos de espiritualidad, ya que pertenecer a una o a otra hermandad no era baladí. Los cultos y obras de caridad de las hermandades eran extensos y comprometían a la persona, que desempeñaba su labor como fiel cristiano e hijo de la Iglesia en el seno de la Cofradía. El propio nombre de Reglas hace referencia a una regla de vida, a imitación de las órdenes religiosas y de las órdenes terceras, también seglares pero que compartían la misma espiritualidad de la orden matriz. Las cofradías seguían este último modelo, aunque no con el rigor ni con una visión tan completa de la misma, pero sí incorporando a su vida diaria el propio ciclo anual de su Hermandad.

Con el paso del tiempo y la pérdida de bienes, la reducción de cultos, la propia secularización de las hermandades, el término Reglas (o también constituciones), que sí se conserva en el sur incluso con la concepción de ser un regla más general que ser una regularización de un desfile, se fue perdiendo, llamándose actualmente estatutos. ¿No resulta algo más pobre, más burocrático, incluso más triste?

 

Libro de Reglas de la Hermandad del Amor de Sevilla - 1789
Obtenido de la web:
La Gubia y el Tas

 

¿Un ejemplo de Reglas?

“El espíritu de servicio y hospitalidad, a ejemplo de Santa Marta, llevará a descubrir y atender a Cristo en el prójimo, preferentemente en los pobres según el Evangelio, destinatarios predilectos de la misión del Señor. (…)Asumirán las tareas y situaciones de la vida terrena, los gozos y las preocupaciones humanas y religiosas, con creciente esperanza cristiana, confiando siempre en las promesas del Señor, sabiendo que la misión de la Iglesia en el mundo nunca está acabada y que el Espíritu Santo siempre la impulsa, dando pleno sentido a la existencia humana, sintiéndose miembros activos del Pueblo de Dios que peregrina hacia la casa del Padre, y procurando colaborar de manera particular en la pastoral de los enfermos”.
Real, Muy Ilustre y Venerable Hermandad del Santísimo Sacramento, Inmaculada Concepción, Ánimas Benditas y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Caridad en su Traslado al Sepulcro, Nuestra Señora de las Penas y Santa Marta. Sevilla, 2010.

Frente a estas líneas iluminadas por la fe, que son juradas por los nuevos hermanos y cuyas promesas son renovadas anualmente por los antiguos cofrades; los estatutos de las cofradías del “norte” adolecen por su raquitismo, reducidos a un mero mecanismo burocrático (oxidado, poco práctico y menos usado) que rige mayoritariamente procesiones y elecciones, reduciendo la cofradía a un mero residuo histórico frente a un desfile anual y la jerarquía del grupo.

El Estatuto Marco de la Diócesis de Zamora ha intentado crear un concepto de cofradía que vaya más allá de la mera procesión. Una líneas claras, una estructura con pilares fuertes… pero le falta alma porque nuestras hermandades solo la tienen cuando salen a la calle. Por lo cual nuestras asambleas están aprobando proyectos de estatutos reproducidos del Estatuto Marco cambiando nombres y algún procedimiento específico, sumándole algún ceremonial propio, pero poco más, muy poco más. Le falta lo que le faltan a nuestras procesiones: cofradías. Así pues, los estatutos son manuales que nos indican cómo usar la hermandad una, dos o tres veces al año, eso si son consultadas y no re-interpretadas por usos y abusos diversos. También es lacerante el desconocimiento generalizado de los estatutos por parte de los propios hermanos, ya que su irrelevancia simplemente los hace prescindibles, solo consultados cuando resultan útiles para la discusión, el enfrentamiento o las venganzas personales.

Si bien es cierto que las cofradías han tenido en el pasado, como en el presente, un grado de conflictividad que requería consultar no solo las diversas constituciones, reglas o estatutos tanto como el Derecho Canónico, las antiguas normativas establecían que aquello era sagrado: hablaban de ello, profundizaban en ello, lo regularizaban, marcaban un ideal, invitaban a la piedad y a la reflexión… ahora el pragmatismo incluso invita a la formulación de un caparazón general que son los estatutos y un reglamento interno que trata lo que les interesa a los hermanos: la procesión. Así el Obispado aprueba lo primero para evitar “desmadres” carnavaleros que ya han tentado a algún sector y deja a la autonomía de la cofradía lo segundo: repartir varas, ponerse sandalias, colores diversos de caperuces y fajines, e ir bien peinados a la procesión.

La Protestación de Fe de la Hermandad que antes mencionaba especifica: “Nuestras Reglas nos exhortan a hacer de nuestra vida un culto grato a Dios a imitación de su Madre, María Santísima”. Ése es el sentido último de unas Reglas, Constituciones o Estatutos. Es la vara de medir que nos indica si estamos ante una Hermandad o una peña organizadora de procesiones. Es cuestión de cada cual saber dónde se encuentra y dónde quiere estar. ¿Reglas … o manuales?

 

Alberto García Soto
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