LA MEMORIA RECOBRADA
ALBERTO GARCÍA SOTO


Hace unas semanas nos sorprendíamos por los últimos descubrimientos realizados en la S.I. Catedral de Zamora. La apertura de los lucillos de la nave sur nos dejan ese rostro gótico y dorado del Señor en su Transfiguración, una representación muy temprana de este misterio que incluso nos revelan que la advocación actual de la iglesia ya se encontraba definida en aquellos tiempos. También el descubrimiento del posible cuerpo de Arias Gonzalo y de otros personajes de Zamora nos permite centrar nuestra atención en el magnífico templo que tenemos por Catedral.

 

Señor en su Transfiguración descubierto en la Catedral de Zamora

 

Y a eso nos vamos a referir en el presente artículo: en la relación de las cofradías con la catedral. Y es que parece que hemos olvidado lo que es una Catedral: iglesia madre de la diócesis donde se alberga la cátedra del Obispo, donde imparte su enseñanza, dirige al pueblo fiel y celebra los sacramentos. Es en la Catedral donde se celebra la liturgia episcopal, la liturgia por excelencia. Y además, la conmemoración de la dedicación de la Catedral es celebrada (o debería ser celebrada) por toda la diócesis siendo una memoria obligatoria, en nuestro caso, el 15 de septiembre, trasladando la fiesta del día, la Virgen de los Dolores, al 17 de septiembre. Es este templo la manifestación más clara de la comunión entre todos los católicos: comunión con su obispo, sucesor de los apóstoles, y a través de él con el Papa, vicario de Cristo. Así somos la Iglesia universal, católica, apostólica y romana.

Por ello a lo largo del tiempo la Catedral ha sido objeto de atención por parte de las cofradías. En el origen de estas, en la época tardo-medieval, cuando comienzan a salir las primeras procesiones de disciplinantes, con estandartes y banderas pintadas y pequeñas imágenes de papelón, los desfiles se dirigían a templos cercanos, en muchas ocasiones varios de ellos, haciendo estación en los mismos, ante el Santísimo Sacramento, reliquias de los santos…etc. Los conventos eran los lugares más apropiados, pues la comunidad monacal salía a recibir a la cofradía, cuando no estaba ligada a ella de forma especial. Por ejemplo, la Vera Cruz de Zamora, que salía unos años del convento de San Francisco y otros de Santo Domingo por su fusión con la Cofradía de Pasión (rival “de sangre” y cuyo espectáculo de disciplinantes atraía a las masas lo que provocó la queja de la Vera Cruz y su fusión posterior), hacía estación en tres iglesias: San Juan, la Magdalena y San Pedro (donde por cierto solo se cita a San Ildefonso como objeto de devoción y no a San Atilano).

La Catedral adquirirá  mayor importancia a posteriori, cuando se considere obligatoria la estación en el primer templo, tanto que los conflictos entre la Cofradía de Jesús Nazareno y el Cabildo Catedralicio de Zamora se alargarán durante décadas, y aunque en un primer momento se obligue a la cofradía hacer estación allí, con el tiempo se considerará una excepción que la Cofradía suba al Calvario y no asista a la Catedral. Citamos como curiosidad la complicada fisionomía de nuestra Catedral, que no permite un fácil acceso o discurrir de las procesiones por su interior, a diferencia de otras catedrales que ya se construyeron facilitando el tránsito de las procesiones, como pueden ser el caso vallisoletano o sevillano. Así el Cabildo de la Catedral decidió en 1663, ante la dificultad de que los pasos fueran bajados por las escaleras de la Puerta del Obispo,  que la Congregación entrara por el claustro y accediera a la Catedral por el mismo, saliendo por el pórtico. Una vez que se reformó el claustro, entraba y salía por la misma puerta.

 

S. I. Catedral de Zamora

 

Pero tal vez sea el caso sevillano el más relevante que a nivel nacional pondrá las bases para un modelo en el cual todas las hermandades tenían que asistir al primer templo. Pero esta decisión no se fundamentó en la concepción que anteriormente describía de la Catedral si no por motivos prácticos. El proceso que terminó en 1604 con la aprobación por parte del Cardenal Niño de Guevara de dicha obligación se fundamenta en la intención de reducir el número de cofradías, las cuales se habían multiplicado hasta la exageración, la fusión entre hermandades, el control de las mismas a su paso por la “carrera oficial” (desde la Plaza de la Campana a la Catedral)…etc. Se hacía una excepción: las cofradías del barrio de Triana harían estación en la Parroquia de Santa Ana, ya que la comunicación entre ambas orillas del Guadalquivir no era la mejor y de hecho hasta el s.XIX no hubo una hermandad trianera que llegara a la Catedral.

Y así en todas las ciudades iremos encontrando la consolidación de la Catedral como centro de las procesiones de penitencia, tanto Valladolid, una vez que su Colegiata se convierta en sede de la nueva diócesis escindida de Palencia, como Salamanca, donde la procesión del Santo Entierro hacía estación en la misma, al igual que en la capilla de la Universidad por cuyo claustro transitaba. Aquí podemos ver como otras iglesias adquirían también ese carácter de referencia para las cofradías. Lo vemos en Salamanca resaltando la importancia de la Universidad, en Zamora y su Iglesia Arciprestal de San Pedro y San Ildefonso, en San Isidoro de León, en Santa Ana de Triana en Sevilla… y lógicamente en aquellas ciudades donde no existía Catedral: colegiatas, iglesias mayores, santuarios… se convierten en objetos de la estación principal de las cofradías, de su sede o del escenario donde transitan la mayor parte de las cofradías. Buen ejemplo es Santa María la Mayor de Benavente, bien conocida por nuestros lectores.

 
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro Santa María del Azogue de Benavente
 

¿Y qué necesidad hay de una estación? Simple y llanamente porque las procesiones se convierten en símiles de peregrinaciones. Una peregrinación va a algún sitio, y una procesión suele tener la misma tendencia. La liturgia celebra en la tarde del Jueves Santo la reserva solemne de la Eucaristía, y para ello levanta monumentos donde se puede realizar este acto. ¿Y qué iglesias han tenido históricamente más recursos para levantar monumentos impresionantes? Catedrales, colegiatas, iglesias mayores… Casi de leyenda si no fuera por las fotografías y descripciones que se conservan, era el Monumento de la Catedral sevillana, cuya estructura alcanzaba los techos de la sede hispalense. Hoy recuperado y vuelto al uso tenemos el altar catedralicio de Zamora, aunque antiguamente una urna de plata coronaba el mismo.  Hasta estos monumentos llegaban las cofradías, incluidos los Viernes Santo, costumbre que varió con la reforma litúrgica pero que aún se mantiene en algunos lugares.

Tampoco podemos olvidar a las cofradías de gloria, que bien asisten a la Catedral de forma regular por vinculaciones particulares, por la importancia de sus devociones o por los diversos patronazgos, como también por rogativas o actos extraordinarios. En Zamora podemos citar las rogativas “de las imágenes”  que congregaban a las imágenes marianas de más devoción del entorno, como la Virgen de la Hiniesta, del Viso o de Gracia, procesión prohibida en el s.XVIII por los graves disturbios que provocaba el enfrentamiento entre pueblos. Ésta como otras rogativas ante pestes o desgracia sociales tenían como escenario principal la Catedral, lugar donde las imágenes sagradas eran recibidas por el cabildo y donde se celebraban solemnes oficios presididos por el Obispo en acción de gracias, de petición o de reparación. Más en nuestro pasado reciente, en 1992, la Catedral fue elegida para la coronación canónica de Ntra. Señora de la Concha, patrona de Zamora, y si queremos adelantar grandes eventos que viviremos en pocos meses, será el lugar elegido para la llegada de la Cruz de los jóvenes y el icono de la Virgen, que anuncia la Jornada Mundial de la Juventud en España, o incluso los actos de acción de gracias por la futura canonización de la Beata Madre Bonifacia, zamorana de adopción.

Sea como sea, la historia de las catedrales es tan compleja que se podrían dedicar infinidad de artículos a ella. Las cofradías forman parte de ese tejido que hacen de estos edificios verdaderos monumentos de historia, arte y tradición. Valoremos también esa dimensión espiritual que es necesario recobrar para no acabar cediendo a la tendencia secularista que está convirtiendo estos templos en museos, renovando y solemnizando la liturgia, haciendo patente con la presencia del Obispo que ésa es su iglesia y allí celebra los sacramentos y ruega por el pueblo que el Señor le ha dado. Tal vez una clave esencial sea que las cofradías sigan reclamando la Catedral como lugar santo y como estación de sus procesiones, rogativas…etc., a pesar de las dificultades que presentan estos templos. También sería necesario resaltar ese carácter diocesano y no solo local, la Catedral es la casa de toda la diócesis, de cada una de las ciudades y pueblos, de cada uno de los católicos que viven en esta Iglesia peregrina de Zamora. 

 

Alberto García Soto
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Las Rúbricas - La Cofradía


Enlace de interés: El antiguo Monumento Eucarístico de la Catedral de Sevilla