LA COMARCA
REVISTA INDEPENDIENTE DE BENAVENTE Y LOS VALLES
NÚMERO 2, ABRIL 1996


LA PASIÓN SEGÚN BENAVENTE

Amanece en Benavente, entre lastimera y bronca una llamada rompe el silencio, es el cuerno o trompetilla que es reminiscencia de aquel tradicional aviso con que el pregonero antaño reclamaba al vecindario; convoca hoy a los hermanos cofrades y fieles en general al despuntar el día de Viernes Santo. Todo está preparado en estos días para revivir una vez más la que es sin duda "la historia más grande jamás contada", mientras la primavera como agazapada, palpita en los campos esperando la menor ocasión para estallar.

TEXTO: JUAN CARLOS DE LA MATA
FOTOGRAFÍA: JUAN J. GONZÁLEZ / CLAUDIO F. DE LA CAL

 

Las procesiones de la Semana Santa benaventana son un tanto eclécticas. Su imaginería corresponde a épocas distintas, pues cada periodo histórico o cada siglo han ido dejando en ellas su importancia. Así observamos retazos medievalizantes, que nos remiten a un tiempo en que el hombre se veía abocado a una difícil existencia y a una muerte prematura. Semana Santa que como en muchos otros lugares de Castilla se caracteriza por la sobriedad. Es esta una Pasión de penitentes y de mujeres pregando detrás de las imágenes, de Cristos hieráticos y agonizantes, de nazarenos arrastrando pesadas cruces por pinas cuestas y calles angostas. Semana Santa que nos retorna al Benavente medieval, de gremios y silencios monacales, de seculares costumbres hoy perdidas, como la de situar un cofrade a la puerta del Hospital de la Piedad durante la procesión del Jueves Santo para pedir por la salud pública de la villa, en un tiempo en que el hombre vivía expuesto a continuas penurias y calamidades. Hay también rastros de una etapa de realismo barroquizante, en la que las procesiones se concebían como exteriorización colectiva, perdiendo en buena parte los valores intimistas de las primitivas procesiones medievales. Es la Semana Santa de los siglos XVII y XVIII, caracterizada por imágenes efectistas, de Mater Dolorosas atravesadas por simbólicos puñales, de imágenes de vestidor con ricos ropajes, de Nazarenos expresivos que arrastran todo el dolor del mundo. Hay también huellas de una Semana Santa de sabor ruralizante, de quiero y no puedo, de un tiempo en el que los caudales de las cofradías sólo daban para los pasos llamados de papelón, de figuras con mucho barniz, de sargas y harpilleras encoladas. Épocas de una iconografía de personajes que resultan a veces grotescos, de sayones con caras repulsivas, envilecidos a los ojos del pueblo. Unas esculturas en definitiva toscas, hechas con pocos medios, pero a veces rayanas con la ingenuidad. Encontramos también señales de la Semana santa de fin de siglo, con imágenes ataviadas ricamente, con doseles al estilo andaluz, con una estética muy al gusto de la burguesía finisecular, impulsora y patrocinadora de las manifestaciones religiosas de aquel tiempo, en que una cuantas familias pudientes hicieron también espejo de su poder social y económica en las procesiones. Pero son sin duda las señales o retazos más importantes de la Semana Santa benaventana los aportados en los años veinte del presente siglo, en que se produce una auténtica renovación del fenómeno procesional y numerosos pasos e imágenes viene a enriquecer el repertorio iconográfico. En este sentido varias obras del afamado escultor valenciano Pío Mollar, como son "El Yacente", "La Oración del Huerto", etc, suponen una aportación decisiva a la imaginería semanasantera. Estas obras se caracterizan por el colorido y la luminosidad levantina, que entroncan con la estética de los Salcillos y los Benlliure, que están lejos de los valores de la imaginería tradicional castellana. Por último en los años cincuenta, dos aportaciones puntuales pero muy significativas vienen a engrosar el patrimonio cofradiero de la Semana Santa local, son el grupo de la Crucifixión, llamado también la Cuarta Palabra y el Flagelado o Cristo atado a una columna, obra esta última de nuestro paisano José Alonso Coomonte.
 

Una algarabía de niños portando palmas y ramas de olivo acompañan el Domingo de Ramos a Jesús en su entrada triunfal. El paso conocido popularmente por "La Borriquilla" recorre las calles de la ciudad entre la ilusión y la espontaneidad de los pequeños.

Hemos de indicar que dos acontecimientos nefastos menguaron en gran parte el patrimonio escultórico y procesional de las cofradías, fuero la invasión francesa y la inundación ocurrida a causa de una gran tormenta en 1918. De la invasión francesa nos indica D. Pascual Madoz en su célebre diccionario geográfico escrito en 1845: "la ermita de la Soledad tenía bellísimas imágenes antes de la Guerra de la Independencia que fueron quemadas por los franceses. De ella salen y vuelven las procesiones de la Semana Santa". En cuanta a la tormenta ocurrida el 22 de mayo de 1918, sabemos que ésta causo grandes desperfectos en las imágenes y materiales allí custodiados.

Es Benavente una ciudad alegre y animosa, que sabe rezar y reír, cada cosa en su momento. Pasa Benavente austeramente por la Semana Santa sin grandes estruendos, camino de sus fiestas patronales de La Veguilla. Cuenta con unos desfiles procesionales de onda raigambre, mantenidos con dignidad para rememorar cada año la Pasión y Muerte de Cristo.

Las cofradías intentan recuperar el tiempo perdido. En esto como en otras tantas cosas, quizá no se ha estado a la altura de las circunstancias y hemos vivido siempre de lo que nos han legado sin aportar apenas nada nuevo y lo que es peor sin conservar las valiosas tradiciones que cada época ha ido depositando. Hoy día cuando se ha cuestionado desde algunos sectores el sentido de esta manifestación religiosa y popular, es sin embargo cuando estos desfiles procesionales han ido adquiriendo una dimensión cultural e incluso turística. Son numerosas las voces que se preguntan si la Semana Santa de Benavente se haya en consonancia con la categoría e importancia que tiene esta ciudad en el contexto provincial y regional, donde esta manifestación religiosa alcanza una raigambre y categoría reconocida.

Por fin y después de muchos años y numerosos intentos, se da un decisivo paso, al constituirse la Junta Pro-Semana Santa, que intentará revitalizar todo lo concerniente a estas celebraciones. Entre los diversos aspectos del fenómeno semanasantero en Benavente, habría que abordar temas como el de las cofradías, imaginería, ritos, cultos, tradiciones, evolución histórica; para obtener una visión lo más aproximada posible de esta manifestación de religiosidad popular que en nuestro tiempo ha adquirido nuevas dimensiones.
 

Izquierda. La imagen del Santísimo Cristo de la Salud procesiona la noche del Miércoles Santo con la Cofradía del Silencio. Derecha. Nuestra Señora de los Dolores, imagen de finísima elegancia y gesto de dolor contenido, procesiona acompañada de la Cofradía de Jesús Nazareno.

El origen de las celebraciones de éstas manifestaciones debemos buscarlo en la Edad Media. El ritual medieval estaba caracterizado por la sobriedad e intimismo de sus manifestaciones, influenciadas sin duda por el espíritu monacal que se vivía en la época. En la predicación y difusión de las devociones de la Pasión van a destacar los órdenes mendicantes, especialmente los Franciscanos asentados en la villa desde el siglo XIII, que difunden las devociones y el culto a la Pasión de Cristo, a ellos se debe pues la fundación de las primeras cofradías penitenciales. En un primer momento el culto a la Pasión está circunscrito a los templos, por ello la importancia que tienen en origen los sermones dentro del ritual de la Semana Santa. En el siglo XIV se produce una cierta renovación religiosa y el desarrollo de las cofradías irá unido a la necesidad de manifestar externamente las creencias religiosas. Las cofradías de la Pasión o de Semana santa viene a ser las instituciones que canalizan la religiosidad popular cristiana, en forma de desfiles procesionales que suponen una puesta en escena de la humanización de lo divino y provocando la emotividad de las gentes sencillas. Son una representación del drama en que Cristo conduce a los hombres hacia la salvación y en la que el dolor y muerte se hacen casi palpables.

Entre las hermandades que desde antiguo existieron en Benavente, merecen citarse especialmente las llamadas Penitenciales, ordenadas para el culto de la Pasión del Señor. Entre ellas la cofradía de la Cruz o Veracruz, que en lo antiguo hacía su función con disciplinantes el Jueves Santo, y en la que no podían tener oficio los plebeyos. En los siglos XV y XVI, surge la necesidad de ofrecer al pueblo una visión sencilla de la religión, acercando al vulgo las esferas de lo divino y lo humano, facilitando así la comprensión de los misterios de la Fe. Se hace también sublimación del dolor y la penitencia como medida de salvación.

Así, la Cofradía de la Veracruz tiene sus antecedentes en el culto a la advocación de la Cruz, siendo sus funciones principales la invención y exaltación de la Cruz, que se celebraban en mayo y septiembre. Otra de sus funciones era la conmemoración del Jueves Santo con una procesión de disciplina, lo cual esta suficientemente documentado desde 1602. Tuvo su sede inicialmente en el lugar que hoy ocupa el Hospital de la Piedad, donde estaba situada la denominada iglesia o ermita de Santa Cruz, hasta que en 1516 es demolida para edificar el mencionado hospital. A mediados del siglo XVII la encontramos establecida en el vecino convento de San Francisco, hasta que en 1679 se construye la denominada ermita de la Veracruz o de la Soledad. La cofradía recibía anualmente un situado de mil maravedís "por poner un hermano cofrade a las puertas del Hospital de la Piedad durante la procesión de disciplina de Jueves santo; a fin de que pida se rece por la salud pública de la villa". Esta costumbre perduró durante varios siglos. En la segunda mitad del siglo XVII, poseía la cofradía un saneado patrimonio que le permite pues edificar la nueva ermita. En el siglo XVIII disfrutaba de importantes rentas, como varias tierras en el término de San Cristóbal de Entreviñas y en el cercado de Luengo, numerosos foros y censos sobre terrenos inmuebles.
 

Izquierda. En el amanecer del Viernes Santo tiene lugar la Procesión de Jesús Nazareno con la tradicional ceremonia del Encuentro. Derecha. En estos días es fácil encontrarse con alguna procesión por nuestras calles, pues por unos días estamos en la encrucijada de un momento en que toca rezar y acompañar a Cristos y Dolorosas.

Otra cofradía era la del Santo Entierro que acompaña la procesión en que la Iglesia recuerda esta Santa Ceremonia, y pudo tener originalmente una vinculación con el gremio textil, muy importante antiguamente en la villa. Celebraba el Viernes Santo con una solemne función y sermón llamado "del Descendimiento" que se celebraba en la Iglesia de Santa María del Azogue, y una vez finalizado se iniciaba la procesión. Así en 1781 se indica que: "en la tarde de ayer, Viernes Santo se celebró el Sermón del Descendimiento cuya función hace la cofradía del Santo Entierro de Cristo en la parroquial  de Santa María del Azogue de esta villa según antigua costumbre...", lo cual nos da idea de lo arraigada que se encontraba ya esta celebración a la cual debían acudir los miembros del Regimiento ocupando lugar preferente. A finales del siglo XVIII (1788) se señala que "la Cofradía del Santo Entierro de Cristo, sita en la Iglesia de Santa María del Azogue, la mayor de esta villa...", poseía varias casas en la parroquia de San Juan del Reloj, concretamente en la calle Pocico y otra propiedad en la calle Carbajés.

La Cofradía de Jesús Nazareno en la que los hermanos, visitando al Salvador del mundo le acompañan al encuentro y le siguen al Calvario con los pies desnudos y la cruz a cuestas. El fin primordial de la cofradía de Jesús Nazareno era hacer una procesión el Viernes Santo de amanecida, imitando los pasos dados por Jesucristo en su Pasión, los cofrades vestidos de nazarenos y cargados con una cruz a cuestas y los pies desnudos guiaban sus pasos hasta el Calvario haciendo oración en cada una de sus estaciones. Esta procesión y sus imágenes suscitó una gran devoción entre el pueblo. Ya en 1737 era habitual sacar esta imagen en las rogativas públicas: "haciendo procesión general sacando la devota imagen de Jesús Nazareno al Convento de San Francisco, donde se ponga a su Majestad novenas...". El origen de esta cofradía podría encontrarse en una Hermandad fundada en 1604 y denominada Dulce Nombre de Jesús, tenía ésta su sede en el Convento de Santo Domingo, y su capilla pasó a recibir el nombre de Capilla del Nazareno. Posteriormente en el siglo XVIII aparece vinculada a la Iglesia de Santa María y establecida en la capilla que se denominará "Capilla de Jesús". De la imagen del Nazareno que en ella se venera escribió el ilustre Madoz: "es la imagen del redentor con la cruz a cuestas, esculpido con tal perfección, que parece tenga vida..."

Las desamortizaciones eclesiásticas, las crisis económicas, el endeudamiento progresivo de las cofradías e indisciplinas, ocasionaron una considerable decadencia de las mismas a fines del siglo XVIII, hecho que se agrava a raíz de la invasión francesa, ya que ocasiona la destrucción de gran parte de su patrimonio tanto económico como artístico. La subsiguiente crisis de la sociedad castellana a comienzos del siglo XIX, y las dificultades de recuperación económica, sobre todo en Benavente que fue especialmente castigada por las guerras napoleónicas, y donde sufrieron notablemente los edificios y construcciones religiosas dificultaron las disponibilidades económicas de las cofradías para tender los gastos ordinarios: procesiones, entierros, sufragios, reconstrucción de edificios, obras de fábrica, etc. Sin embargo sí se produjeron intentos de renovación de la imaginería propia de la Semana Santa, a raíz de la destrucción de gran parte de las mismas por la soldadesca napoleónica. A mediados de siglo XIX un nuevo golpe viene a frenar el proceso de recuperación iniciado, es la supresión del sistema de administración hacendística local, llamada "de los propios" que acaba con un significativo grupo o estamento administrativo, que era en buena parte el benefactor e impulsador de las cofradías. A parte de esto, ya desde los primeros tercios de siglo XIX el avance de las nuevas ideas contrarios a todo lo vinculado al antiguo régimen no favorecieron este tipo de manifestaciones religiosas, las convulsiones políticas y sociales de aquel siglo enfriaron sin duda la participación en los mismos.
 

Izquierda. Todo esta apunto para representar nuevamente un guión escrito hace dos mil años, que aunque de sobra conocido sigue conmoviéndonos. Derecha. Imágenes de Dolorosas atravesadas por simbólicos puñales y Nazarenos que arrastran todo el dolor del mundo recorren en estos días nuestras calles.

A fines del XIX, la recuperación económica y demográfica, el establecimiento de una escasa aunque significativa burguesía rentista, industrial y comercial en Benavente junto con la labor desarrollada por la Vicaría de San Millán y el clero en general, permitirá el inicio de una lenta recuperación de la Semana Santa, lo cual será más patente en algunos momentos. Así es finales de los años veinte cuando al abrigo del dinamismo comercial se produce un impulso decisivo, se renueva la imaginería procesional, se confeccionan los primeros programas, y la Semana Santa se dota con una organización más efectiva.

Se produce también una revitalización de la Semana Santa y de las cofradías en la postguerra, en 1943 se construye la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, conocida como "el silencio", que da culto a una imagen del siglo XVI, venerada desde antiguo y de la que existen numerosos testimonios del gran fervor que despertó desde siempre entre los benaventanos. Rescata esta cofradía los valores tradicionales de austeridad y recogimiento. Vino a alterar en cierta manera el desarrollo secuencial hasta entonces habitual en la Semana Santa al incorporar a un crucificado en su procesión y celebrase esta el miércoles, ya que hasta entonces los desfiles se centraban en el Jueves y Viernes Santo. No es cierto que esta cofradía fuera constituida inicialmente por excombatientes como equivocadamente se ha dicho, sino que fueron miembros fundadores algunos de ellos. En cuanto a sus peculiaridades destaca además del fomento de la veneración al Santísimo Cristo de la Salud, la celebración de un Triduo y Novenario en su honor, que el último día se aplica a los hermanos difuntos.

Durante los años cincuenta y sesenta se elaboraron programas impresos sobre la Semana Santa. Incluían estos además del consabido "pregón semanasantero" la obligada relación de procesiones y cultos a celebrar. Unos cuantos artículos, obra de los presbíteros y cofrades, que se recreaban emotivamente en las escenas de la Pasión o hacían profundas meditaciones sobre la celebración. Recogían también a modo de ilustración diversos motivos religiosos y artísticos de la localidad.

Como prólogo de la Semana Santa era frecuente que se realizasen conferencias cuaresmales. El domingo de Pasión o de Lázaro, las iglesias aparecían con la mayoría de las imágenes cubiertas con paños oscuros, como anuncio premonitorio de que la Semana Santa era inminente. Ya en el domingo de Ramos se realizaba la procesión de las Palmas a la que concurría el clero de las tres parroquias con sus cruces y los niños de sus catequesis con ramos y palmas. Desde la ermita de La Soledad salían procesionalmente acompañando a Jesús en su entrada en Jerusalén, popularmente llamada "la borriquita", encaminándose hacia la parroquia de Santa María la Mayor, donde se celebraba Misa Solemne con Sermón.
 

Izquierda. El sonido de las trompetas y los tambores que acompañan a las imágenes y pasos marcan el compás característico de la Semana Santa. Derecha. En la mañana del Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión del Encuentro de la Santísima Virgen con Cristo Resucitado.

El lunes se iniciaba el Triduo al Santísimo Cristo de la Salud. El martes tenía lugar la Procesión de las Angustias, hoy consistente en una simple subida de pasos desde La Soledad hasta la Plaza Mayor, para posteriormente distribuirse por las parroquias, pero no hace muchos años al concentrarse las imágenes se efectuaba la ceremonia de "las reverencias", consistente en reverenciarse mutuamente las imágenes. A continuación y una vez distribuidas éstas en sus parroquiales, en el templo de San Juan a la llegada del grueso de la procesión se rezaba la llamada "Corona Franciscana", que recuerda cada uno de los dolores de la Virgen dando el párroco a continuación la absolución general de los presentes. El Miércoles Santo se realizaba el Rezo de Maitines (vulgo las Tinieblas) cantadas a coro por el Clero. En la Procesión era especialmente emotiva la ceremonia del Juramento del Silencio que tenía lugar en el atrio de la desaparecida Iglesia de Santa María de Renueva. En un bello marco de aire medieval, se tomaba juramento a los Hermanos de la Cofradía, que al igual que hoy se comprometían a no decir palabra alguna durante la Procesión. Era sobrecogedor el desfilar por algunas de las angostas y oscuras calles del Benavente de entonces. Lo cual venía acentuado por la especial devoción que suscita esta imagen. A inicios de los años cincuenta se incorpora a ésta Procesión el Jesús Flagelado, obra del escultor Coomonte. Entre los actos del Jueves Santo, los cuales se concentraban en el templo de San Juan del Mercado, es de destacar la piadosa ceremonia del Lavatorio y Sermón del Mandato, que tenía lugar en las primeras horas de la tarde. Posteriormente se celebraba la solemne Hora Santa, pronunciada por algún afamado orador o dignatario de la Iglesia. Acto seguido tenía lugar la Adoración de la Santa Cruz por las cofradías ante un hermoso crucifijo del siglo XIII. Previamente el vicario de San Millán entregaba la cédula o papeleta acreditativa de haber comulgado los individuos que formaban las cofradías de la Santa Cruz y Santo Entierro. Seguidamente tenía lugar la consabida procesión de la que destacamos el sayón que con túnica negra y tambor anunciaba al pueblo el paso de Cristo al calvario. También eran obligadas las banderas y estandartes representando al mundo.

Al alba del Viernes Santo tenía lugar la procesión de Jesús Nazareno que en realidad consistía en dos procesiones que partiendo de Santa María del Azogue se dirigían hacia la filial de San Nicolás, donde tenía lugar la ceremonia del encuentro y consiguiente sermón. Al medio día tenía lugar la llamada Procesión de Penitencia durante la que se rezaba el Vía-Crucis y a su llegada tenía lugar el piadoso ejercicio de las Siete Palabras. Al anochecer tenía lugar la Procesión del Santo Entierro precedida por el Sermón de los Dolores de Nuestra Madre, durante la cual se celebraba el canto litúrgico del "Miserere", que sonaba en el silencio de la noche en evocación de la Santa Tragedia. A mediados de los años cincuenta se intentó establecer una procesión del Sábado Santo que no llegó a afianzarse. Ya en el Domingo de Resurrección y a medio día, acompañada por los niños de las catequesis de las parroquias y representaciones de las cofradías se formaba procesión acompañando a la Madre de Dios y a la Santa Urna sin el cuerpo de Cristo y llena de flores y guirnaldas, hasta la Plaza Mayor donde se verificaba el encuentro con su Hijo Resucitado. Entonando la Banda de Música la Marcha Real y disparándose multitud de bombas y voladores. Desde uno de los balcones del Ayuntamiento, el orador cuaresmero, pronunciaba el Sermón de Pascua de Resurrección, dándose por terminados los actos religiosos de Semana Santa.
 

Izquierda. En estos días, como cada primavera el drama de la Pasión desfila por nuestras calles reflejándose también en lo cotidiano. Derecha. La imagen de la Santísima Virgen de la Soledad, saliendo del templo de Santa María del Azogue a mediados de los años cincuenta.

Aunque algunas de estas ceremonias y tradiciones ya no se efectúan o se han adaptado al compás de los tiempos. Como siempre, como cada Semana Santa, hoy rezando y quizá mañana cantando, pues están próximas las fiestas patronales de La Veguilla, Benavente sigue su camino fiel a su destino. Por unos días se halla en la encrucijada de un momento en el que toca rezar y acompañar por sus calles a un Cristo que pronto, como cada primavera, retornará triunfante. Resurrexit. 


 

JUAN CARLOS DE LA MATA es miembro de la Junta Pro-Semana Santa de Benavente en la que tiene el cargo de Historiador. De las fotografías de CLAUDIO F. DE LA CAL podemos disfrutar en nuestra Galería Fotográfica en un trabajo de 1996.