LA SOCIEDAD DE SAN JOSÉ DE BENAVENTE
JUAN CARLOS DE LA MATA GUERRA


La Sociedad de San José de Benavente fue fundada en una fecha muy apropiada, 19 de marzo de 1883, siendo socios fundadores 34 personas vinculadas al oficio gremial de la  carpintería y al trabajo de la madera.

Precisamente el callejero de Benavente guarda aún hoy referencia a los oficios que se desempeñaban en algunas de sus calles y plazas, aunque otras denominaciones desaparecieron o fueron sustituidas a lo largo de los siglos y de la dilatada historia de la ciudad. Entre las calles y plazas que dan cuenta todavía de esta vinculación gremial y profesional se encuentran: Pelambre, Estameñas, Herreros, Aguadores, Tejares, Lagares, Carros, Carnicerías, etc. También se constata en el pasado la concentración de determinados oficios en algunos espacios o barrios de la antigua Villa, como los caldereros en la actual calle de los Francos, los vendedores de lienzos en la calle de la Rúa, los tintoreros en torno a la parroquia del Sepulcro, los alfareros o alcalleres en la colación o parroquia de San Juan del Reloj, etc. En el catastro del marqués de la Ensenada, llevado a cabo en 1751, se recoge el nombre de numerosos carpinteros y de otros vecinos dedicados al trabajo de la madera (entalladores, tallistas, ebanistas, etc.); siendo éste uno de los oficios más numerosos del Benavente de la época junto con el de los zapateros. 

 

Retablo e imagen de San José con el Niño Jesús en la Iglesia de Santa María del Azogue
y que perteneció a la desaparecida Iglesia de San Nicolás

 

El origen de la actual Sociedad de San José hay que buscarlo como acontece con otros de estas agrupaciones benaventanas que tuvieron un carácter social y profesional en las  antiguas cofradías gremiales, muchas de ellas de origen medieval se vieron afectadas por las desamortizaciones llevadas a cabo durante las primeras décadas del siglo XIX, desapareciendo como tales. Su función corporativa en defensa de los intereses gremiales y de transmisión y control de los oficios dejaría de tener razón de ser o sentido en la nueva sociedad liberal. En cambio los fines humanitarios y sociales que habían caracterizado a estas cofradías gremiales se quedaron sin apoyo económico. Ante el vacío que se produjo y la necesidad de dotar a la sociedad de civil de cuerpos intermedios o asociaciones que pudiesen articular la participación y solidaridad ciudadana surgirían sociedades de signo mutualista y de previsión. Este tipo de sociedades  habían comenzado a surgir en otros lugares del país durante la I República, si bien durante la etapa republicana habían nacido al principio con signo marcadamente laicista.

Estas Sociedades de Socorros Mutuos, como es el caso de la de San José,  hacían constar en sus reglamentos su función social, como agrupaciones benéficas profesionales, invocando a su patrono y señalando que sus fines eran principalmente ayudarse mutuamente en sus necesidades y desgracias, así como socorrerse y asistirse en las enfermedades y acompañarse en los entierros. Las sociedades de socorros benaventanas establecían reglamentariamente que sus miembros debían observar buena conducta moral y religiosa y tener un cierto número de años cumplidos para su pertenencia, los cuales solían fijarse en ocho años. Ello sin duda para procurar la vinculación gremial desde temprana edad, ya que los oficios se solían trasmitir de padres a hijos y se entraba como aprendiz en los talleres apenas siendo un muchacho. Entre sus obligaciones se fijaba la de velar a los socios que enfermaren de gravedad y fuesen viaticados. Avisados los socios designados para asistir a los enfermos debían éstos personarse en casa del paciente, poniéndose a su disposición. En los funerales debían acompañar a los familiares y deudos del socio u hermano difunto, asistiendo a las exequias y responsos, y encabezando el cortejo con las varas de la sociedad a la cual pertenecía el finado.

A fines del siglo XIX, cuando habían transcurrido tan sólo cerca de dos décadas desde la fundación de este tipo de sociedades, era cuestionado su funcionamiento desde algunos círculos liberales y progresistas de la localidad. Así desde las páginas del semanario local La Mota, allá por el año 1898, se suscitaba una polémica sobre el funcionamiento y desarrollo de las mismas.  En el polo opuesto a esta publicación, su rival en la prensa local el semanario benaventano El Áncora, de marchamo católico y tradicionalista, se erigía en cambio en  defensor de los usos y costumbres de estas  sociedades, a la vez que animaba a la creación en  Benavente de un Círculo Obrero Católico. Muy contraria era la postura adoptada por el semanario dominical La Mota, para quien  algunas de estas asociaciones habían reducido su papel al de comparsas o agentes pasivos, ya que tan sólo ofrecían a su socios la posibilidad de un entierro de pompa y boato. A decir del semanario liberal, éstas se habían apartado del espíritu fundacional laico y eminentemente social, por ello “La Mota ha visto con dolor como estas sociedades se aferran a una predominante idea,  tanto que ha ingresado muchos socios  por la exclusividad del entierro”.

 
Tránsito o la muerte de San José
Círculo de los Ávila. Finales del siglo XVII
Madera policromada y tela encolada
Medidas: 148x110x120 (Grupo); 148x56 (Cama)
San José y el Niño Jesús
Iglesia de San Juan del Mercado
Foto:
albTotxo
 

Se puede decir que la sociedad de San José fue en sus orígenes una sociedad gremial hasta que en la segunda década del siglo XX modifica sus estatutos. Al amparo de la Ley sobre asociaciones de 30 de junio de 1887, se modificaría su reglamento, reformándolo sensiblemente el 13 de noviembre de 1922, contando para ello con el referendo y firma del Gobernador Civil de Zamora. En aquellas fechas el  domicilio de la Sociedad se encontraba en la Calle Corrillo de Renueva, número 12. Eran las que se conocerían  como  Casas de San José. En consecuencia, respetando el espíritu de hermandad y de ayuda mutua, se reformaron varios artículos del anterior reglamento y a los 39 que éste tenía, se le añadieron otros. Así se añadió por ejemplo la obligación que todos los individuos de esta Sociedad tenían de comprar en la panadería de San José (que era propiedad de la Sociedad) el producto que ésta elaboraba y en la parte proporcional que cada uno acostumbre a consumir diariamente. A partir de entonces, la Sociedad de San José ha estado formada por personas de ambos sexos pertenecientes a las más diversas profesiones, desde agricultores hasta carpinteros, mecánicos, dependientes de comercio, escribientes, etc.

Con el paso de los años estas sociedades fueron a menos tanto en participación y numero de socios como en los aspectos económicos. Hace algunos años con motivo de las reformas fiscales tuvieron que modificar sus estatutos ante la nueva normativa que regulaba las asociaciones   mutualistas, ya que en cierta forma eran consideradas a efectos fiscalizadores como sociedades o mutualidades laborales. Algunas de ellas han tenido que optar ante sus dificultades y la inminente amenaza de desaparición por reconvertirse en asociaciones de carácter cultural y benéfico. Esperemos que en el futuro encuentren la forma de vigorizar y ampliar sus fines para que sigan siendo un referente como en el pasado de la vida social de Benavente. Esperemos que estas sociedades benaventanas, como la de San José, continúen su andadura por muchos años.